lunes, 2 de julio de 2018

Mi experiencia con la arena, en Ica

Aquí relato una anécdota que ilustro con mis dibujos, que se me ocurre hacerlo puesto que estoy en proceso de terminar la producción de algunas de mis animaciones hechas con arena.

El desierto es un santuario silencioso. 
Siempre me atrajo el desierto, y es interesante que en la historia algunas personalidades lo buscaran para encontrar paz, y respuestas buscando sabiduría. Lima mi ciudad está ubicada en un desierto, eso no es novedad, pero experimentar el desierto de Ica, - aquella comarca misteriosa del sur- es enfrentarse a una realidad diferente y a un raro paisaje.
 
En los ochentas una vez anduve por ahí sobre sus arenas. Conocí un barrio lejos del centro que parecía abandonarse al avance de la arena. Llegue acompañando a una invitada a casa de su familiar, gente que no conocía y yo no tenía invitación propiamente dicho y me sentí incomodo, pero detrás de la casa había dunas como  muralla casi viva, como gran ola o marea que se derrama.

No me ubicaba con las personas de la reunión,  me quede fuera de la casa, siempre observando el cerro de arena que estaba detrás, y  me anime a subir.
Mientras avanzaba lento por aquella masa inmensa, yo me hundía pero calzaba botas muy altas. 
No creí que la gran duna me permitiría ascender a su sima.
La distancia ahogaba la música de la fiesta hasta desaparecer, mientras la brisa disolvía los murmullos de la reunión. 
Aquella gran duna a nadie de la casa le importaba, y menos yo ni les interesaba. Tal gigante, si quisiera en un instante podría enterrarme vivo con sus arenas, y yo estaba sólo. 
Entiendo que los aldeanos se cuidan de ofender al cerro, al rio, al Apu, pues antes de invadir su espacio dan pagos a la tierra, piden permiso, más yo no.


Con tenacidad llegue a la sima y me extraño ver como una superficie casi plana. Descubría otro desierto pero más elevado sobre el nivel del mar.
 
Me conmociono ver tal lugar, el cielo nublado, y no creerme solo en medio de tal soledad, porque me sentí observado. 
Serian muchas miradas o una mirada grande, no lo sé, pero yo me percibía menos solitario. 
Avance unos metros hacia tal desierto elevado, y comprobé que desorientarse era fácil, perderse no dependía de mí. 

Me detuve para contemplar tal paisaje. Pero a cierta distancia algo lanzo un chorro de arena desde el suelo, aparentemente unos metros en dirección vertical... 
¿Qué estoy frente a arenas movedizas?, ¿es el impacto de un disparo? no lo creo, desde el inicio todo permanecía en silencio, pero de dónde surgió tal columna arenisca?  Concluí que quizás el desierto me advertía: "no avances, este no es tu territorio". Retrocedí y regrese de las dunas. 
 
 Todo se confunde, todo se hunde en la niebla del tiempo, Todo se consigue cuando hay tiempo, hasta puedo dudar si fue real lo que vi o lo imagine. Me pregunto ¿ cuánto tiempo pasará hasta que otro curioso se ubique ahí nuevamente,  de frente mirando aquel impactante paisaje?. 


Rafael Seminario Coello






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